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“La clave es situar al paciente en el centro, sin renunciar a la conciencia del profesional”

21/07/2026 - 12:55

“Objeción de conciencia”, a cargo de las doctoras Karla Núñez, intensivista del Hospital de Barcelona, e Isabel Fernández, del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona, además de Patricia Cabré, miembro del consejo rector de SCIAS, y María Rodríguez, responsable del Servicio de Atención al Socio y al Usuario de SCIAS.

Metge amb els braços creuats amb pacient i persones reunides al fons

Para empezar, brevemente, ¿qué entendemos exactamente por “objeción de conciencia” en el ámbito sanitario y por qué considera que es un tema especialmente relevante en el contexto actual de la medicina y la atención sanitaria?

La objeción de conciencia en el ámbito sanitario es la negativa de un profesional a cumplir un deber jurídico por considerarlo contrario a su conciencia. Cabe destacar que la persona que objeta no pretende cambiar la norma, sino quedar eximida de su cumplimiento por razones de conciencia.

A menudo se habla de los derechos de los profesionales, pero también de los derechos de los pacientes. ¿Cómo pueden equilibrarse ambos aspectos? ¿La objeción es una cuestión individual o tiene implicaciones colectivas e institucionales?

La objeción de conciencia no es un derecho en sí mismo, sino la expresión del derecho a la libertad ideológica (libertad de conciencia y libertad religiosa), un derecho fundamental e individual. No es posible, por tanto, hablar de objeción de conciencia colectiva o institucional. Si el ejercicio de la libertad ideológica entra en conflicto con los deberes profesionales, corresponde resolver el problema atendiendo al principio de proporcionalidad mediante una ponderación que valore la adecuación entre los medios, los fines y las consecuencias. Eso sí: en ningún caso puede entenderse como un derecho absoluto.

Pasando a ejemplos concretos y/o frecuentes, ¿cuáles son los principales dilemas éticos que pueden surgir en torno a esta cuestión? ¿Qué situaciones generan más debate o mayor sensibilidad en este ámbito?

Todo lo relacionado con actuaciones ante la vida o la muerte está vinculado a pensamientos y creencias muy íntimos que, inevitablemente, afectan de manera muy profunda, ya que apelan a nuestro sistema de valores. Las situaciones de limitación del esfuerzo terapéutico, a pesar de su fundamentación clínica, generan malestar en algunas familias que creen que no se está haciendo todo lo posible para salvar a su familiar. Sin que aquí intervenga la objeción de conciencia, estas situaciones requieren mucha información y el espacio necesario para que la familia pueda expresar lo que piensa, comprender los motivos de lo que se está proponiendo y cuál es el objetivo: aliviar el sufrimiento.

Por otro lado, existen situaciones en las que el paciente rechaza el tratamiento y el médico considera que debe seguir intentándolo. La imposición de los principios y creencias del profesional por encima de los del paciente deriva de un sistema asistencial paternalista que encuentra cada vez más resistencia y menor aceptación. La ley de autonomía del paciente avala la capacidad de decisión del paciente y el uso de la toma de decisiones compartida.

Más allá aún, están las solicitudes de ayuda para morir, la interrupción voluntaria del embarazo o la prescripción y administración de determinados medicamentos relacionados con el inicio o el final de la vida. Estas son todas las situaciones en las que la ley contempla la objeción de conciencia.

¿Qué papel desempeña la comunicación con el paciente cuando surge una situación de objeción de conciencia? Formar a los profesionales sanitarios en bioética y en la toma de decisiones es importante.

La información y la comunicación con el paciente y sus familiares son fundamentales y pueden marcar la diferencia tanto en la prevención del conflicto como en la correcta prestación de la asistencia. Desde la perspectiva de los profesionales, la formación en bioética les ayuda a afrontar los dilemas morales inherentes a la práctica clínica.

¿Qué retos de futuro plantea esta cuestión para el sistema sanitario a fin de que la calidad asistencial no se vea afectada?

La clave de todo ello es garantizar la participación activa del paciente como verdadero protagonista del proceso asistencial, con todo lo que ello implica en la práctica. Nos encontramos en un momento de cambio de paradigma sanitario que avanza hacia un modelo centrado en el paciente.