Su sesión del lunes llevaba por título “Y después del cáncer, ¿qué?”. ¿Qué la llevó a centrarse en esta etapa posterior a la enfermedad? Quizá el hecho de que a menudo se habla mucho del diagnóstico y del tratamiento del cáncer, pero menos del “después”. ¿Sigue siendo una fase poco visible?
Durante los últimos ocho años he trabajado en una Unidad de Diagnóstico Rápido (UDR), donde los pacientes llegan sin diagnóstico y, con frecuencia, son diagnosticados de cáncer. En estos dispositivos se realizan grandes esfuerzos para conseguir un diagnóstico preciso y una estadificación completa de la enfermedad, de manera que el paciente reciba un tratamiento personalizado con las máximas garantías de éxito. Desde el momento del diagnóstico, el paciente vive centrado en completar con éxito el tratamiento y la fase de seguimiento, por lo que es lógico que estas etapas sean las más visibles. Una vez alcanzada la curación –a los cinco años–, los pacientes sienten el alivio de haber superado la enfermedad y es entonces cuando adquieren mayor relevancia las secuelas que han quedado tras finalizar esta fase.
Trabajar en una UDR genera vínculos estrechos con los pacientes oncológicos, así como con los compañeros de Oncología o Cirugía que los tratan. Este contexto favoreció que me planteara la pregunta que da título a la sesión: “Y después del cáncer, ¿qué?”. Tratando de dar respuesta a esta cuestión, creé una consulta de apoyo para pacientes supervivientes de linfoma, con una valoración muy positiva tanto por parte de los pacientes como de los hematólogos.
Actualmente, el número de pacientes supervivientes es cada vez mayor y, por tanto, sus necesidades se han hecho más visibles. Debemos ser capaces de articular una asistencia sanitaria específica que dé respuesta a estas necesidades.
¿Qué secuelas o efectos secundarios pueden arrastrar algunos pacientes después de haber superado un cáncer? ¿Pueden aparecer muchos años después del tratamiento?
Existen cinco áreas clave en las que se agrupan las secuelas y necesidades de los pacientes supervivientes de cáncer: efectos físicos, efectos psicológicos, vigilancia de la recurrencia del cáncer y del riesgo de segundas neoplasias, impacto social, laboral y financiero, y prevención del cáncer y promoción de la salud.
La fatiga persistente, el dolor crónico, la polineuropatía, las alteraciones en la esfera sexual, los trastornos del sueño y los trastornos cognitivos son los efectos físicos más prevalentes. Algunos de ellos aparecen de forma precoz, ya durante la fase de tratamiento, mientras que otros pueden manifestarse meses o años más tarde. Por otra parte, alrededor del 15% de los pacientes supervivientes presentan depresión o ansiedad y un 10% síntomas de estrés postraumático. El riesgo de aparición de segundas neoplasias viene determinado por el tipo de cáncer inicial, el tratamiento recibido, los hábitos tóxicos del paciente y la presencia de síndromes de predisposición familiar. Los cánceres hematológicos son las segundas neoplasias más frecuentes.
Otro aspecto relevante es el impacto laboral y financiero en la vida de los supervivientes de cáncer, ya que muchos presentan secuelas que les impiden reincorporarse con normalidad al mundo laboral.
¿Qué papel desempeñan la atención primaria y otros especialistas en este seguimiento a largo plazo? ¿Por qué es importante que este control no recaiga exclusivamente en el especialista oncológico? ¿Hay pacientes que, tras un proceso oncológico, tienen más riesgo de desarrollar otras enfermedades?
Cuando el paciente se considera libre de enfermedad y comienza la etapa de supervivencia, es fundamental diseñar un plan de seguimiento integral, individualizado, multidisciplinar y coordinado. Estratificar adecuadamente a los pacientes según el riesgo de recaída y la gravedad de las secuelas determinará si el peso del seguimiento recae en la atención primaria o en un dispositivo hospitalario.
Los pacientes de mayor riesgo y con secuelas más graves necesitarán un seguimiento hospitalario con fácil acceso a Oncología y a otros especialistas; el resto se beneficia más de un seguimiento desde atención primaria enfocado a la prevención del cáncer y a la optimización del estilo de vida. Esto es así porque, tras un proceso oncológico, un número importante de pacientes supervivientes ve incrementados sus factores de riesgo cardiovascular, el riesgo de desarrollar osteoporosis precoz y el riesgo de desarrollar segundas neoplasias.
¿Cree que, erróneamente, la sociedad sigue asociando el cáncer únicamente con la fase aguda de la enfermedad y no tanto con la vida posterior? Más allá de acudir al médico, ¿qué pueden hacer los propios pacientes para cuidar su salud después de un proceso oncológico?
Es lógico que, como sociedad, pongamos el foco en la fase aguda de la enfermedad, ya que el principal objetivo de cualquier paciente oncológico es sobrevivir. La aparición de nuevas y exitosas dianas terapéuticas en los últimos años ha hecho posible que más pacientes alcancen la supervivencia y, por tanto, que este colectivo sea más visible a nivel social.
Por otra parte, los pacientes en general tienen una actitud más proactiva y empoderada respecto a su salud. Según mi experiencia, esto está aún más marcado entre los supervivientes de cáncer. Más allá de realizar el seguimiento médico, es especialmente importante que mantengan un estilo de vida saludable (alimentación sana y ejercicio físico), así como una buena salud mental.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las personas que han superado un cáncer y afrontan esta nueva etapa? ¿Y qué deberíamos entender todos, como sociedad, sobre el “después del cáncer”?
Para mí es fundamental transmitir a todas las personas que superan un cáncer que no deben sentirse abandonadas ni desamparadas, que tenemos presentes sus necesidades, que se ha articulado una asistencia sanitaria específica y que esta está gestionada por profesionales formados en este ámbito. Este año se pone en marcha la Consulta de Atención Integral al Superviviente Oncológico en el Hospital de Barcelona, aportando así nuestro granito de arena a la atención de este colectivo. Después del cáncer hay vida, y nuestro objetivo debe ser que las personas que han conseguido superar la enfermedad puedan disfrutarla con calidad.